Para tratar los miedos

 

Álvaro G. Requena

Debemos saber que incluso las personas más arrojadas, corajudas y valientes, atraviesan situaciones en las que sienten que tienen que sobreponerse a temores o miedos, tangibles o no, y lo hacen. Todos, en principio, podemos hacerlo. Para algunos puede ser más fácil y expedito que para otros, pero todos podemos aprender a hacerlo y aprender significa que sabremos reconocerlos, confrontarlos y dominarlos, para impedir que nos mantengan rezagados y apocados en las vidas que nos corresponde vivir.

A pesar de la metodología que plantearemos para aliviar los miedos, debemos saber que estar libre de miedos totalmente es poco menos que imposible. El miedo es una emoción tan válida y presente como la alegría y la tristeza. Podremos aliviarla, pero no desaparecerla y además no sería conveniente hacerlo, pues, como emoción básica que es, tiene un papel formativo en el carácter de las personas y nos enseña a actuar con valentía.

No debemos tampoco ser críticos severos de nosotros mismos por sentir miedo. El miedo es una respuesta natural a situaciones que escapan a nuestro control y sentirlo es, simplemente, humano.

Así pues, comenzaremos por:

Reconocerlos

Para ello harás un análisis de tu situación, tu estado y sensación de miedo, lo cual implica, en primer lugar como es lógico, reconocer que esa es la situación: sientes miedo. No es fácil hacerlo, más aún en una sociedad como la nuestra, donde las demostraciones de ciertas debilidades, temores o miedos, son índice de fragilidad, debilidad, falta de guáramo y hasta cobardía.

No podremos, sin embargo, afrontar el reconocimiento de lo que sentimos o sea, del miedo, a menos que puedas identificarlo, señalarlo y describir la causa. Al efectuar esa identificación del miedo, al reconocerlo como tal, habrás dado el primer paso para lograr controlarlo.

Ese proceso debes intentar hacerlo en paz y tranquilidad, si es posible, y si te toma tiempo y energía, descansa con frecuencia, digamos cada quince minutos. Si te sientes mal con taquicardia y respiración agitada, pon la mano sobre tu pecho y respira lento y profundo, unas 12 veces por minuto, varios minutos, te calmará de inmediato; puedes también beber un vaso de agua muy fría, lentamente.

La identificación, el reconocimiento del miedo como tal, trae como consecuencia que le puedes poner un nombre, por ejemplo: “miedo a que maten a un hijo mío.” Una vez que tiene nombre, automáticamente ya tiene un lugar en tu mente, un sitio en tu vida, es, para ti, consciente. Desde esa posición de ser reconocido y ser consciente, puedes y debes darle vigencia, compartiendo con alguien de tu confianza esas emociones o escribiéndolo en una libretica, un cuaderno o en una misiva por correo tradicional o electrónico; el hecho es que quede constancia de lo que te pasa.

Cuando inicias ese proceso de poner tu miedo en blanco y negro o compartir tu vivencia con alguien, también estás analizándolo simultáneamente: ¿Desde cuando; a raíz de qué; cuales situaciones lo desatan, cuales lo alivian? Y, por supuesto, el análisis te lleva a describir qué es lo que sientes y cuál es tu sufrimiento. Haciéndose evidente para ti, en ese momento, cuánto te limita en tu vida diaria y de relación ese padecimiento y que tan severa es la diferencia de como estás viviendo a cómo deseabas vivir anteriormente a esta circunstancia.

En ese proceso has definido entonces no solo el miedo sino cuánto te puede estar dominando, cuánto poder tiene sobre ti: sobre tu mente y sobre tu conducta.

Llegados a este punto debemos también analizar la fuente u origen del miedo que padecemos. Es importantísimo saber si esa fuente es temporal o permanente, si tiende a agravarse o a disminuir con el tiempo, si depende de eventos de la naturaleza (P.ej.: terremoto) o de actitudes humanas (P.ej.: criminales o demostraciones desproporcionadas de poder público o privado). En resumen: ¿Es peligrosa o no?

Recordemos que a veces nuestra natural aprehensión puede llevarnos a considerar peligroso o amenazante, situaciones que no lo son, como pasó en los años 70 con los jóvenes de cabeza rapada, tatuajes, adornados con cadenas y de ademanes bruscos y mal encarados. O, como pasa con algunas personas para quienes viajar en avión comercial, que es estadísticamente el medio más seguro de transporte es, sin embargo, el equivalente azaroso de lanzar una piedra y esperar que cruce el océano y por tanto fuente de miedos terribles y paralizantes.

Este proceso, que se da de manera casi simultánea una vez que lo iniciamos, nos llevará directamente a pensar en cuál es el resultado final que pretendemos alcanzar con nuestro esfuerzo de batallar el miedo. Prácticamente nos dirá qué queremos y qué podemos cambiar en nosotros para superarlo.

En el proceso de cambio de nuestras personas entran las técnicas modernas de modificación de conducta, algunos tipos y formas de psicoterapias y las medicaciones especializadas.

Confrontarlos

El segundo aspecto de nuestra propuesta es que una vez identificado el miedo, tomemos control de él, lo asumamos o, como decimos algunos, nos apropiemos de ese miedo. Lo hagamos nuestro.

En principio se trata de no huir, de plantarle cara a la fuente del miedo. Por ejemplo, si son las noticias políticas, pues oírlas. Si son las cuentas o las finanzas, pues verlas y hablar con el contador, si son los impuestos, sentarse a estudiarlos y presentarlos. Si es un examen en la universidad o el colegio, pues ir y presentarlo. No rehuir esas realidades. Afrontarlas.

Por ejemplo, una las técnicas más usadas es la desensibilización sistemática en la cual pequeños estímulos causantes del miedo a tratar, son presentados paulatina, constante y de forma creciente, hasta que la persona aprende a tolerarlos.

Otra técnica es la “inundación” (Flooding, en inglés) que equivale a someter a la persona de manera intensiva y constante al estímulo generador del temor, hasta que lo tolere. Esta técnica se usa mucho para los vuelos en avión, el miedo a las alturas y a los espacios cerrados.

En todo caso, se trata de fijarnos pequeñas metas, a conseguir a través del sacrificio de pasar por algunas de estas formalidades terapéuticas.

Más violento, pero muy útil, puede resultar la confrontación directa, que suele ser de gran utilidad cuando se trata de miedos a personas impuestas de poder o no. El hecho está en que una vez dada la confrontación se obtiene como consecuencia la vivencia que todos conocemos, pero que a veces perdemos de vista, de que somos todos iguales y nadie es más que nadie, y que esa persona no es más que tú y realmente no hay nada que temer.

Sin embargo, debemos tener presente que la lucha contra los miedos no es de resolución automática ni a prueba de fracasos. Bastantes veces tendremos que comenzar de nuevo y replantearnos la misma meta y el mismo método, pero a la larga, la perseverancia y la confianza en ti mismo te traerán el éxito que buscas y mereces. No desmayes y no confundas tus miedos con debilidades personales, familiares o sociales, contra las que no puedes luchar. No es tu destino sentir miedo, pero si lo es superarlos. Dios, afortunadamente, tiene poco o nada que ver con esto. Los miedos son humanos, humanísimos, no divinos. Hasta Jesús los padeció en el Monte de los Olivos, y era el hijo de Dios. Él pudo contra ellos y nosotros también podemos. No pienses pues que es una fatalidad que te persigue y de la cual no puedes escapar.

No es bueno y debes hacer un esfuerzo y no permitirlo, que otras personas te desestimulen, te descalifiquen o intenten contagiarte con sus temores descontrolados y sobrecogedores. Recuerda que tú puedes cambiar, nadie te puede cambiar, pero tú, si quieres, puedes hacerlo. Así pues, busca la compañía de personas que te respeten, te estimulen positivamente, confíen en ti y cuyas expectativas sobre tu persona, sean las más altas.

Dominarlos

Ahora que tenemos nuestro miedo identificado, asumido y en proceso de desvanecerlo de nuestra vida, veremos, insensible pero de forma implacable, como nuestra forma de pensar sobre el miedo va a ir cambiando.

No debe extrañarnos que la misma fuente de nuestros temores sea, a su vez, motivo de renovado y gran interés para nosotros. Esa es la razón por la cual, a pesar de la represión gubernamental, la política es un atractivo mayor para el individuo, como lo es saltar en paracaídas, comprar un auto de lujo o un teléfono celular de última generación y enorme precio. Riesgos evidentes que solo el miedo puede explicar.

Esos riesgos se constituyen a menudo en una fuente de energía para el individuo, que es casi adictiva, y llegamos a entender y desear la presión del peligro y la sensación del miedo para sentir ese estímulo global en nuestras vidas.

De lo dicho hasta ahora se desprende que el miedo puede llegar a ser visto como la apertura de una oportunidad en la vida. Ante una situación nueva, conflictiva, amenazante o simplemente generadora de temor o miedo, intentaremos analizarla, entrar en profundidad. Una vez analizado como estamos planteando, se nos abre una dimensión diferente al proveernos de un método sencillo y contundente para analizar situaciones que inicialmente nos produjeron temor, aprehensión y miedo y que una vez estudiadas, la familiaridad adquirida con el asunto, y la dimensión tangible que le proporcionamos en el análisis, hará que lo veamos como manejable.

Conclusiones

Es importante que las victorias que consigas en el manejo de tus miedos, las tomes como hitos claves de tu crecimiento personal y por tanto, celebres con orgullo esa ganancia.

Recuerda que aunque el miedo es una emoción básica natural de los individuos, sin embargo no debemos sentir miedo hasta el punto de sufrir y debemos fomentar en los demás que no se dejen paralizar por el temor.

Está claro que vivimos en un país en el cual se entronizó el temor. La baza jugada por el gobierno de ser amenazadores, conflictivos, opositores de los opositores, estimuladores del caos social, represores del uso de las libertades consagradas en la Constitución, interpretadores convenientes y convenidos de las leyes; el uso de un lenguaje cuyo estilo es agresivo, confrontador, descalificante y despreciativo hacia la disidencia y hacia quienes, simplemente, no les acompañan; la pobreza incrementada y el desempleo; la necesidad del trabajo informal; el incremento de las necesidades básicas no satisfechas y el consecuente aumento de la criminalidad, también asociado al discurso permisivo e incitador al desconocimiento de las normas elementales de convivencia; ha horadado la fortaleza y tradicional conducta respetuosa de las convenciones sociales apropiadas a la convivencia de la que siempre hizo gala el venezolano. Genera, en casi todos, temores inmensos y en muchos, miedos paralizantes. Debemos todos tener claro que con miedo no construiremos un país, por el contrario nos destruirán el nuestro para convertirlo en fuente de poder omnímodo y de riqueza corrupta para una clase política cuyo interés disfrazado con el populismo se orienta a la dictadura “constitucional” autoritarista y despótica.

Descansar adecuadamente, dormir siete horas en promedio, comer sano y balanceado, no beber cantidades excesivas de café y/o alcohol, disminuir al mínimo posible el tabaco y los alimentos con alto contenido de grasas o fritos, distraerse con juegos de mesa, cine, radio, TV, paseos, lecturas interesantes o actividades creativas, hacer ejercicio físico y practicar un deporte, son actividades que te mantienen en buena forma física y mental, permitiéndote una respuesta vigorosa y rápida, bajando las probabilidades de que el miedo inducido se apodere de tu persona.

Por último, pero no por menos importante, sino como colofón a lo dicho, debemos recordar que la vida espiritual es fuente de paz y serenidad. Acercarnos a nuestras creencias religiosas en momentos de turbulencia anímica, siempre es bueno y deseable. La fe es fuente de valor y catalizador de la energía. La moderación y sublimación de las pasiones es deseable, pero la actitud para hacerlo debemos conquistarla con nuestra perseverancia y acercamiento a Dios.

Diccionario de Salud Mental: Más información sobre la emoción Miedo y sus efectos letales personales y sociales